PANZAS EN LA PARED

TRES TESTIMONIOS SOBRE ESCALADA Y EMBARAZO

  A mediados del 2015, Fulana, Mengana y Zutana empezaron a entrenar. En verano del siguiente año estaban más afanosas que nunca, alucinando y planeando nuevos retos y destinos.

Para Mengana, de pronto, entrenar en el boulder se convirtió en su principal vacilón: ¡qué paja descubrir que te gusta demasiado algo que nunca antes habías alucinado! Pero a la par de la escalada, Mengana tenía un trabajo y unas clases de maestría a la que se metió… se le empezó a hacer difícil encontrar tiempo para su deporte. Por si fuera poco, se enteró de que estaba embarazada (¡!)

“Me palteaba la idea de treparme a una pared y pensar en qué pasaría si tenía una caída y cómo esto afectaría al bebé. Leí algo sobre qué deportes son más seguros practicar cuando estás esperando y figuran el yoga y la natación como los ideales…de la escalada, ni pío”.

Sin embargo, al inicio, la panza ni se notaba y Mengana se sentía súper bien: cero nauseas, mareos, ni cambios de estado de ánimo ni ningún antojo raro. Siguió bouldereando, pero (a pesar de que las amigas estaban allí, espoteando con más atención que nunca) le entró un miedito repentino por los techos en el boulder. ¡Oh! Luego, los meses fueron pasando y su cuerpo empezó a cambiar "ligeramente", la panza a las 28 semanas era ya evidente. Un día probó una rutita en la pared extraplomada del boulder y nunca le ligó.

“Lo que antes era simple, ahora con las nuevas dimensiones que tengo, se me complica un poco. Por ejemplo, eso de pegar el cuerpo a la plancha ahora no me sale tan bien: ¡entre la pared y yo tengo a otra personita! Igual, aunque fue poco el tiempo que escalé estando embarazada, lo disfruté mucho y estoy segura de que mi bebé también”, dice Mengana – ya mamá hace un mes.

¿Cómo fue la experiencia de otras mamás escaladoras? Acá los testimonios de Maribel Elías (mamá de Aurelia y Antonia) y de Jossy Ortiz, orgullosa mamá de otro futuro escalador.

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